Cuando Soter llegó a Australia por primera vez, la mayor preocupación no era lo duro del trabajo, sino si podría expresar esas ideas con claridad.
En un entorno nuevo, lo que realmente necesitas muchas veces no es vocabulario avanzado, sino la capacidad de entender rápido y responder con naturalidad en situaciones cotidianas. Desde presentarte y confirmar los detalles de un trabajo hasta relacionarte con personas de distintas culturas, cada vez que hablas es práctica concreta.
Las clases partieron de situaciones de la vida diaria y del trabajo, llevando estructuras, pronunciación y formas de responder a conversaciones reales. Con el profesor ajustando cada expresión en el momento, Soter fue pasando de «¿Me equivocaré?» a «¿Cómo puedo hacerme entender?».
Gracias a unas clases estructuradas y a mucha práctica oral, poco a poco dejé de temer a los errores y empecé a acercarme a personas de distintos países.
Cuando la práctica dejó de ser solo memorizar y pasó a ser una serie de conversaciones reales, la confianza también creció. Poco a poco, el inglés se convirtió en la herramienta de Soter para explorar nuevos entornos, hacer amistades y crear conexiones.
Para Soter, el mayor cambio no fue decir cada frase a la perfección, sino estar dispuesto/a a dar el primer paso, hablar y seguir mejorando con cada conversación.

